
Si la suerte o el destino os llevara por los caminos que conducen a Dikanka –y más aún en caso de que fuese invierno, anocheciese y en el cielo brillara ya la luna–, resultaría imperdonable que no visitarais el caserío del colmenero Pankó el Pelirrojo. ¡Sus veladas son únicas! Bajo el techo del Pelirrojo, además de comer bien y beber mejor, los lugareños cuentan portentosas historias que alimentan el alma. Los relatos que allí se escuchan nos hacen pasar por el escalofrío que nos eriza la piel, la risa a mandíbula batiente, hasta la punzada del desamor que nos atraviesa el corazón en un instante.
Un jovencísimo Nikolái Gógol, que intentaba hacerse un hueco en los círculos culturales de la sociedad petersburguesa, comprendió que la ciudad adoraba el exotismo, los secretos y el misterio de su tierra natal, Ucrania. De este modo, y tras algún traspiés como actor y la escasa reperc...leer más






